Cómo evaluar una Guía de Práctica Clínica ?

Las Guías de Práctica Clínica (GPC) son recomendaciones médicas sobre el cuidado de pacientes con condiciones clínicas específicas. A diferencia de otros documentos formales de asesoramiento médico, las GPC se basan en revisiones sistemáticas de la evidencia y la experiencia práctica, a menudo están respaldadas por organizaciones nacionales, se someten a una revisión intensa, y se distribuyen a través de fronteras y especialidades internacionales.

Las GPC se definen como el “conjunto de recomendaciones basadas en una revisión sistemática de la evidencia y en la evaluación de los riesgos y beneficios de las diferentes alternativas, con el objetivo de optimizar la atención sanitaria a los pacientes” (NRC, 2011).

Son potencialmente útiles para facilitar la toma de decisiones clínicas de calidad a profesionales sanitarios, para mejorar los resultados de salud, la información y la capacidad de elección de pacientes y para mejorar la eficiencia global de los sistemas sanitarios. Asimismo, contribuyen a mejorar la calidad de la atención sanitaria prestada a pacientes (Grimshaw JM, 1993; Romero A, 2005). La aplicación de las recomendaciones en la práctica clínica de forma generalizada hace necesario que las GPC sean de calidad y se realicen con una rigurosa metodología.

¿Por qué la necesidad de un instrumento de evaluación de la calidad?

Como se hace constar en el tema anterior, para la mayoría de la profesión sanitaria, conocer los criterios mínimos de calidad de una GPC y cómo localizarlos es suficiente para reconocer aquellas que deben valorarse y utilizarse.

Con este fin en 1998 comenzó una colaboración internacional entre 13 países, Appraisal of Guidelines, Research and Evaluation Colaboration(AGREE) cuyos objetivos eran:

  1. Desarrollar criterios comunes para la elaboración de GPC.
  2. Definir cuáles deberían ser los criterios de calidad que deberían cumplir las GPC.
  3. Establecer un modelo de evaluación y monitorización de dichos criterios de calidad.
  4. Promover la difusión de estos criterios entre los miembros participantes y demás comunidad científica, favoreciendo las colaboraciones internacionales.

Teniendo en cuenta estos objetivos y tras analizar cuáles eran los componentes claves para determinar si una GPC era válida, se desarrolló el denominado instrumento AGREE (AGREE, 2003). La versión inicial de este instrumento fue validada por 194 evaluadores de los países participantes que testaron la herramienta con 100 GPC diferentes. Posteriormente se desarrolló una versión mejorada de la herramienta, validada también por otros 70 evaluadores en 33 GPC.

A lo largo de estos años se ha seguido investigando para tratar de mejorar la validez de este instrumento; consecuencia de ello es el desarrollo del instrumento AGREE II (Brouwers M, 2010a; Brouwers M, 2010b; Brouwers M, 2010c; AGREE, 2009 )

Fuente: Itziar Etxeandia Ikobaltzeta Doctora en Farmacia. Técnico en investigación en el McGRADE Centre; Nora Ibargoyen RotetaDoctora en Ciencias de la Salud. Técnico en investigación del Servicio de Evaluación de Tecnologías Sanitarias, Osteba; Carmen Castiñeira Pérez Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (2017). Cómo evaluar una guía de práctica clínica.

Texto completo disponible –> Click

Médica Especialista en MFyR Referente Argentina de AMLAR RES Mendoza - Argentina

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