PLANTAS MEDICINALES ANTIINFLAMATORIAS DE USO TÓPICO

Artículo realizado por el Dr. Jorge Alonso, médico clínico, presidende de la sociedad Latinoamericana de fitomedicina. www.fitomedicina.org

-Cayena (Capsicum annum L. y Capsicum frutescens L.): Especie originaria de América en cuyo fruto se encuentra el alcaloide capsaicina, el cual presenta una conformación estructural muy similar a la del ácido araquidónico, lo que hace que actúe por mecanismo competitivo como bloqueante de las enzimas que metabolizan a dicho ácido (COX y LOX).
A su vez, la capsaicina demostró incrementar la producción de la enzima colagenasa, sumando a ello un efecto de agotamiento sobre el neurotrasmisor algésico conocido como sustancia P en las terminales nerviosas, logrando así intervenir tanto en el mecanismo de analgesia como en el de inflamación (tendría selectividad sobre COX-2). Por estas razones, existen en los mercados cremas en base a capsaicina (0,025-0,075%) que resultan útiles frente al dolor post-herpético, lo cual ha podido ser corroborado por medio de numerosos ensayos clínicos. Un estudio clínico, doble ciego, efectuado en el hospital de Cleveland (USA), demostró que las cremas elaboradas con esta sustancia logran reducir el dolor en un 50% de pacientes con artritis reumatoidea y en un 33% de aquellos aquejados de osteoartritis.
– Árnica (Arnica montana L.): Se trata de una especie europea, de la cual se emplean las flores como analgésicas y antiinflamatorias, las que contienen lactonas sesquiterpénicas (helenalina, dihidrohelenalina), flavonoides y aceite esencial. Precisamente las lactonas serían las principales sustancias responsables de la actividad antiinflamatoria (inhiben la prostaglandin-sintetasa) y vulneraria, lo cual la ha popularizado en forma de cremas y pomadas para la resolución de hematomas, contusiones, artralgias y mialgias.
– Arnica montana no debe prescribirse por vía interna (la dosis letal en humanos fue calculada en 60 g) salvo bajo fórmulas homeopáticas que por su carácter de diluciones infinitesimales pueden administrarse oralmente. Algunas personas han manifestado reacciones alérgicas del tipo de dermatitis de contacto por uso externo debido a la presencia de lactonas.
– Mostaza negra (Brassica nigra [L.] W.D.J. Koch): La droga está constituida por las semillas, las cuales contienen un compuesto sulfurado conocido como sinigrina (o alilglucosinolato), el cual por hidrólisis enzimática (mirosinasa) genera isotiocianato de alilo (también conocido como esencia de mostaza). Este compuesto presenta una alta actividad rubefaciente y revulsiva, mitigada en parte por la presencia del mucílagos. Su uso es exclusivamente externo empleándose en forma de sinapismo (harina de mostaza y aguatibia, al 50%; después envolver en una gasa y mantener en contacto con la piel durante 10-15 minutos), cataplasma sinapizada (mezclar una parte de la harina de mostaza con tres partes de harina de linaza, diluida en agua a 40 ºC; después aplicar envuelta en una gasa), pediluvio sinapizado (20-30 g de harina de mostaza
por litro de agua) y como baño sinapizado (150 g de harina mostaza en un saquito inmerso en el agua de un baño caliente). La aplicación no debe sobrepasar los 10-15 minutos, ya que de no cumplir esto pueden aparecer ampollas o ulceraciones y necrosis. Se debe evitar en todo momento el contacto con los ojos, ni aplicar en niños menores de 6 años por su efecto irritante, ni tampoco en caso de embarazo o lactancia.
– Alcanforero (Cinnamomum canphora T. Nees et Ebermeier): Se trata de un árbol originario de China y Japón, del cual se emplea la madera de las ramas, las que luego de astillarse se les extrae la esencia (alcanfor) por destilación. El alcanfor ya se encuentra en las hojas y ramas secundarias cuando el árbol aún es joven (10-20 años), pero alcanza su máxima concentración entre los 25 y 45 años en las ramas principales. El alcanfor produce una hiperemia reactiva cuando es aplicado en forma de fricción sobre la superficie cutánea, generando una sensación de acaloramiento local, lo cual se conoce como rubefacción. En cambio si se aplica
sin frotar, genera por el contrario, una sensación de frescura. A su vez, el alcanfor por vía externa tiene una ligera acción anestésica que puede estar seguida de hipoestesia. – Pino (Pinus pinaster Aiton): Del pino se emplean las yemas y hojas, las cuales contienen trementina (mezcla de hidrocarburos monoterepénicos donde sobresale el alfa y beta-pineno, canfeno, beta-felandreno, etc).
Al igual que con el alcanfor, la trementina posee un efecto rubefasciente.
– Caléndula (Calendula officinalis L.): La actividad antiinflamatoria de las flores de caléndula (planta empleada principalmente como cicatrizante) fue confirmada en modelos en ratas bajo inducción por carragenina, en donde la presencia del -sitosterol demostró jugar un papel importante. Por su parte, los constituyentes triterpenoides, en especial los ésteres del faradiol y el taraxasterol, presentan una actividad antiedematosa en el test auricular bajo inducción por aceite de crotón.
– Llantén (Plantago lanceolata L. y Plantago major L.): La actividad antiinflamatoria está determinada por la presencia de mucílagos, iridoides (aucubina) y derivados del ácido cafeico presentes en las hojas.
Componentes de los ácidos grasos de Plantago major (ácido linoleico, ácido alfa-linolénico, ácido mirístico, ácido palmítico) demostraron in vitro actividad inhibitoria sobre la enzima ciclooxigenasa 2 (COX-2). De igual modo se pudo comprobar con el ácido ursólico aislado del extracto hexánico de Plantago major.

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