Recomendaciones de rehabilitación en el paciente quemado: revisión de literatura.

Autores: Enrique Salmerón González, Elena García et all.Valencia, España 2017.

Introducción: En las últimas décadas se ha logrado una mejoría en la tasa de supervivencia de los pacientes quemados. La rehabilitación en el paciente quemado debe ser precoz, progresiva e ininterrumpida a lo largo de toda la evolución del proceso.

Los objetivos del tratamiento son en primer lugar, garantizar la supervivencia y la restauración de la superficie cutánea alterada, una vez conseguidos estos objetivos vitales, la reincorporación al medio familiar, social y laboral con las mínimas secuelas estéticas y funcionales suponen los objetivos primordiales.

Método: Fue realizada una búsqueda bibliográfica recurriendo a las bases de datos Medline y Ovid. Para la síntesis de la información expuesta en este estudio; se realizó una lectura juiciosa de los artículos seleccionados, priorizando los datos proporcionados por los trabajos más recientes.

Resultados: La evolución del paciente quemado debe realizarse en tres fases: aguda, subaguda y crónica. Cada fase tiene sus propias pautas de tratamiento.
La fase aguda: engloba el periodo desde la producción de la quemadura hasta el momento en que la lesión epiteliza; Las quemaduras superficiales y poco extensas irán acompañadas de un riesgo menor de producir retracciones cicatriciales, aun afectando segmentos funcionales importantes. Uno de los aspectos clave durante esta fase es obtener un control óptimo y ajustado del dolor para facilitar el cumplimiento de las pautas posturales y ejercicios tanto pasivos como activos.
Terapia postural: Se debe garantizar la postura correcta por segmento articular.
Manejo del edema:
Durante las primeras 72 horas, una terapia posicional apropiada resulta clave para manejar y revertir las secuelas de la edematización. Esto es especialmente evidente en el caso de la mano, en la que una hinchazón excesiva puede ocasionar un desequilibrio mecánico entre la musculatura intrínseca y extrínseca; y alterar la curvatura ósea de los arcos palmares.
Movilizaciones: Es necesario comenzar desde el primer día de la quemadura con la ejecución de una pauta de movilizaciones ajustada a la lesión que presenta el paciente, sin que se deba esperar a la realización de la cirugía o a que la lesión haya epitelizado. La aparición de rigidez articular es común en los pacientes quemados, tanto en las articulaciones quemadas como en las que han permanecido inmovilizadas por largos periodos de tiempo.
La fase subaguda incluye el periodo de tiempo que sigue a la consecución de la cobertura final de la superficie corporal del paciente, con epitelización de lesiones y asentamiento de injertos. El objetivo en esta fase es conseguir el mayor rango de movilidad de las articulaciones comprometidas y el reacondiconamiento físico. Para ello se recurrirá a terapia postural con férulas pasivas y activas progresivas; cinesiterapia con movilizaciones pasivas y activas de mayor intensidad; masoterapia; estiramientos; potenciación muscular; reeducación de la bipedestación y marcha; y terapia ocupacional.
Fase crónica: Se extiende desde los 2 meses tras la obtención de la cobertura definitiva de la superficie corporal del paciente en adelante. En ella el paciente puede verse sometido a nuevas intervenciones quirúrgicas para el tratamiento de secuelas. Las medidas en este periodo continuarán centradas en la recuperación del máximo rango de movilidad articular, la progresión del reacondicionamiento físico, la incorporación del enfermo a las actividades de la vida diaria y a la prevención y el tratamiento de la cicatrización anómala.
Ortesis: Además de contribuir al mantenimiento de una posición adecuada de la articulación, las órtesis pueden estirar y elongar el tejido cicatricial existente. Las órtesis deben ser utilizadas inicialmente durante gran parte del día y toda la noche, reduciendo su uso durante el día progresivamente en función de la evolución de la cicatriz y de la limitación de movimientos. Su utilización se extenderá hasta un periodo de entre 6 meses y 2 años, en función de la evolución del proceso.

Discusión:
La aplicación de un protocolo de rehabilitación adecuadamente estructurado y que incluya una interrelación y colaboración estrecha entre todos los profesionales implicados, es sin duda un factor crucial para lograr los mejores resultados funcionales en la recuperación del paciente quemado.

Conclusiones: La aparición de secuelas y complicaciones puede ser disminuida mediante la aplicación de las intervenciones terapéuticas adecuadas realizadas en el momento oportuno.
El profesional encargado de tratar pacientes quemados, ha de ser consciente de que forma parte de un equipo multidisciplinario, y que de la buena coordinación de todos los integrantes de dicho equipo dependerá la calidad de los resultados que obtendrán sus pacientes.

Fuente: Revista Brasileira de Queimaduras

Artículo realizado por: Dr. Weslly Acuña. Residente referente de Nicaragua.

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